Ya dije en su dia que no solo de música trataría este Blog y me he animado por dedicar esta entrada a algo que nos haga recordar "dulces" momentos, por eso hablaré de.. las antiguas chuches!!!
¿Quién no tiene un grato recuerdo con su paga (o propina que decimos en otras tierras) recien recibida y ardiente en la mano e ibamos al kiosco de turno a fulminarla rápidamente? Claro que esto ha tenido sus consecuencias: miles o millones de dentaduras "cascadas", caries a go go y un sector que se ha forrado a nuestra costa: los dentistas. Y es que solo hay que echar un vistazo a algunas de ellas y comprobar que teniamos un par de agallas para ingerir tales golosinas.. pero que ricas estaban!!!
PALOTES: depende del momento en que lo compraras hacia más o menos honor a su nombre. Si lo pillabas con la fecha de caducidad vigente, solía estar blandito, tierno, con sabor a fresa dulce... pero, ayyyy si llevaba tiempo en un mostrador!!! (lo cual era muy típico y encima expuesto a el sol durante dias y dias).... entonces si que hacia gala de ser un auténtico Palote, ya que era lo más parecido a masticar un trozo de cristal, incluso a veces te ahogabas al tragarlo y provocaba una dolorosa sensación de rasgarte el gaznate, pero nos había costado un duro y había que comerlo si o si.
BOLSA DE CHURRUCA: también conocida como revuelto, mezcla... en fin.. que al igual que el Palote, existia una gran probabilidad de adquirirlo en un estado de "dudosa calidad". ¿Cómo se intuía? Respuesta: por el color de la bolsa.. si era un blanco brillante, compacto... bien!, pero si el blanco tenia una tonalidad algo "sucia", con rayaduras en la bolsa... mal asunto... te metías esos maices en la boca y comenzabas a comprender la expresion "rancio abolengo". Curiosamente este sabor "añejo" siempre lo tenía si te las daba una tia-abuela que las tenia guardadas para las visitas de niños... desde antes de la guerra por lo menos!!
CHIMOS: estos eran delicatessen pura, tanto
por su sabor como por el precio del paquete. Se cumplián
inevitablemente 2 teorias. La primera es que aunque nos proponiamos solo
chuparlos y mantenerlos mucho tiempo en la boca, terminábamos
ronchandolos cruelmente, y la segunda es que todos queríamos el de color morado y
casualmente era del que menos había...para prueba vereis que ni siquiera aparece en la foto....
PETA-ZETA: el surrealismo de las chuches, la puesta en práctica de nuestra condición más masoquista. Si te dicen que te van a meter en la boca algo que te va a explotar dentro, huirías.. pero no con el peta zeta!!! Trozos cristalinos de color rojo desafiante que provocaban en toda la boca un infierno de chasquidos, con un movimiento independiente, como insectos, rondaban en la cavidad bucal a la par que un ruido estremedecedor se apoderaba de nosotros... Y no contentos con esta sensación, experimentabamos nuevas sensaciones con este caramelo, como por ejemplo morder un trozo con los dientes para que hiciera hacia más efecto de explosión.. o la famosa leyenda que aseguraba que si los tomabas con coca cola te salian espamos de espuma por la boca (todos intuiamos que era falso, pero ¿alguien tuvo valor de probarlo????). Dos sabores: fresa y cola, inolvidables.
FRESQUITO: segunda oda al surrealismo chucheril... aunque no tenía la potencia del Peta zeta. Simplemente se trataba de unos polvos que untados en una especie de piruleta, te creaba una sensacion de escalofrio en la boca...como indicaba, no era tan cautivador como el Peta Zeta, pero eran más baratos y duraban bastante más. También se solía cumplir una teoria y era que comenzabas comiéndolo adecuadamente, pero siempre acababas ingiriendo los polvos y prescindiendo del caramelo en palo (ese dedo amenazador!!!), para comertelo después, lo cual no solo era detonante de caries por el caramelo, sino que si ahora no tenemos 3 brazos o 4 ojos por comernos esos polvos de "no se sabe que" es un milagro,
FLASH: el rey del verano!!!. Ante el poco poder adquisitivo del que hacíamos condición, y el sofocante calor de verano, lo más vendido era el Flash. Ese pedazo de barra de hielo, producto de la congelación un liquido (que incongruentemente se parece mucho a cualquier anticongelante) era devorada sin piedad en las tardes estivales. Recuerdo 3 precios estandard: los de 10, 15 y 25 ptas. Aunque yo llegué a conocerlos de 5 ptas y había lugares que tenían unos enormes de 50 pelas. Al contrario que las demas chuches, el Flash requeria su tiempo para degustarlo, esperar a que se quedara casi derretido (una especie de granizado barato) y a chupar (mala costumbre!). Es lo suyo rendir homenaje a aquellas personas que eran unos autenticos expertos en abrirlos, realizando con los dientes un corte diagonal en cada orilla para evitar molestas rozaduras en la comisura de los labios producidos por el plático al llevárselo a la boca. Por cierto, ¿quién no intentó hacerse flashes en su congelador con fanta de limón o de naranja?... pero no sabian igual.
BOLITAS DE ANIS: el gran olvidado y no me extraña!!! Era el típico caramelo que entraba en sobres-sorpresa como relleno y a nadie nos apasionaba. Muñecos, botijos, lupas, sifones... una multitud de formas que albergaban millones de bolitas de anis de colores, dispuestas a crearnos las caries mas profundas vistas en la historia. Tras meterte un buen puñado en la boca y apretar bien los dientes para masticarlas, horas después aún tenias bolitas de anis incrustadas entre las muelas. Y que decir de los "recipientes"... no se sabe por qué extraña razón nunca se tiraban y te los encontrabas en cualquier lugar de la casa.... la cabeza del niño que parece sacado del exorcista (ver foto) o el botijo abollado y roto... siempre danzaban "a sueto" por nuestros hogares en lugar de estar en el cubo de la basura, lo cual indicaba una clara tendencia de Síndrome de Diógenes
Por hoy he finalizado... estos son unos ejemplos pero no los únicos. Del resto intentaré recuperarlos otro día, que seguro que muchos rondan ya en vuestras mentes. Espero que hayais tenido una dulce lectura! (o rancia, quien sabe...)



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